Batman: Arkham Origins, rentas pasadas

Creo que de todos los héroes salidos de las páginas aviñetadas, ya sea de Marvel o de DC, Batman es el que mejor suerte ha tenido en sus adaptaciones a los videojuegos. De hecho en esta misma web hemos hablado de unos cuantos de ellos, tanto clásicos como los más recientes obra de Rocksteady, donde Batman nos ha hecho disfrutar de un par de títulos de muy factura notable.

Dado el abrumador éxito de Arkham Asylum y Arkham City, Warner Bros no podía dejarnos huérfanos de su particular gallina de los huevos de oro antes de que la ya agonizante y presente generación de consolas diese el carpetazo definitivo, y como en Rocksteady andaban ocupados desarrollando la que será la primera aventura de Batman en las consolas Playstation 4 y XBOX ONE (recientemente retrasada hasta 2015) se le encargó el trabajo a Warner Bros. Games Montreal. La directriz estaba bien clara: ser continuista con lo que funciona, y pese a que hay nuevos elementos que dotan al juego de un cierto aire fresco, en realidad los chicos del estudio canadiense han seguido las órdenes a rajatabla.

Batman Begins

El primer momento en que comprobamos que la misión principal para el estudio interino de la Warner es no molestar a los futuros proyectos de Rocksteady es en la misma concepción del argumento. Tras el impactante final de la anterior entrega de la saga del héroe viajamos al pasado para vivir los inicios del hombre murciélago en una nochebuena la mar de movidita en la ciudad de Gotham.

En un momento en el que el justiciero Batman es todavía un rumor, y Bruce Wayne aún es un hombre incapaz de siquiera confiar sus debilidades a su mentor y mayordomo Alfred, descubrimos que han puesto precio a nuestra cabeza. A petición de máscara negra, los asesinos más implacables de Gotham tratarán de darnos caza para cobrar una suculenta recompensa. Evidentemente, con semejante panda de criminales sueltos el mejor detective del mundo no va a quedarse quieto, e iniciamos la investigación de por qué se nos quiere dar caza para tratar de evitarlo.

Batman: Arkham Origins trata de presentarnos el Batman que Rocksteady da por conocido en los dos juegos anteriores al título que nos ocupa: se establecen lazos entre aliados y villanos al mismo tiempo que se trata de respetar el universo que se ha dado por sentado desde la aventura en el manicomio Arkham. De modo global se puede decir que los chicos de Warner Bros. Games Montreal han cumplido con su misión, pero para ello han tenido que caer en alguna que otra trampa argumental. Los giros de guión no sorprenden, pero dan los mejores momentos dramáticos del juego, y las relaciones de Batman con sus aliados se forjan de forma satisfactoria. Además, la labor de mimo y documentación para con los cómics de Batman, si bien no es tan completa como en las entregas anteriores en las que el detalle llega al punto de ser enfermizo, es muy completa, y los personajes conservan el espíritu de sus homónimos en las viñetas.

Más largo, pero igual

En el momento que tomamos control de Batman en una de sus primeras aventuras nos damos cuenta de que nada ha cambiado. El control es el mismo que ya disfrutamos en Arkham City, el sistema de combate no se ha modificado lo más mínimo y las situaciones se repiten con un escenario cambiado. Tal vez, al ser conscientes de esto, los desarrolladores decidieron dejarnos un amplio arsenal de gadgets ya de inicio, para no tener que ir recuperándolos en el avance de la aventura y dar desde el principio de la partida un abanico de acción, combate y acertijos más amplio que en las entregas anteriores, y nos permiten entrar en harina tras una breve introducción que hace las veces de enseñanza para los jugadores que no se hayan acercado a ningún juego de la saga Arkham.

Una vez salimos a Gotham para recorrerla a nuestro gusto encontramos una extraña familiaridad con esa porción de ciudad que fue convertida en cárcel en el anterior título del hombre murciélago. No en vano se toma casi todo el mapa anterior y se amplía para tener Gotham casi por completo a nuestra disposición. Por desgracia es una Gotham carente de vida, dominada por los malhechores con una simple excusa de un toque de queda por el mal tiempo, dejándonos un escenario que en absoluto parece esa gran ciudad que trata de defender Batman. Cuando en los títulos anteriores vimos una evolución en cuanto a tamaño de escenario y forma de encarar la aventura —que cada cual decida si para bien o para mal—, aquí encontramos estancamiento.

La mejor forma de darle vida al juego sigue siendo hacer las misiones secundarias de diversos tipos, uno de los cuales es la mayor innovación y a la vez el mayor acierto de esta entrega. Mantiene los enemigos no principales, que vienen a ser los de las tramas más secundarias de los cómics, con misiones bastantes breves y sencillas de búsqueda y combate que finalizan con un enfrentamiento. No aportan nada a la trama, si bien el sistema de combate sigue siendo divertido y siempre es agradable encerrar a los malos.

Además podemos desviarnos a impedir que Enigma tenga en jaque a la ciudad. En este punto el juego palidece ante los anteriores. La disposición de los coleccionables se dedica a repetir lo ya visto en las entregas anteriores, y las pruebas de acertijos de ingenio e investigación han desaparecido por completo. La mejor misión secundaria creada en la saga ha sido completamente descuartizada y simplificada, pero a cambio tenemos la posibilidad de investigar crímenes.

Según la mitología del personaje, Batman ostenta el sobrenombre de mejor detective del mundo, y es una sorpresa agradable que los chicos de Warner Bros. Games Montreal nos permitan desarrollar el título honorífico. En una cámara en primera persona podemos investigar el entorno y recabar pistas, reconstruir la escena del crimen y tratar de localizar al culpable. Si bien no deja de ser un sistema de moverse, encontrar el punto de interés y pulsar un botón, cambia el ritmo de partida y nos ofrece un momento más pausado en el que parece que se pone un poco a prueba nuestro ingenio. Es una impresión artificial, pero no por ello menos agradable. Por desgracia se presenta un par de veces en la misión principal y pocas más en secundarias, dejándonos con la sensación de que si se hubiera seguido este camino en vez de la vía continuista nos encontraríamos ante un título bastante más interesante, con menos protagonismo de los combates y mayor investigación.

Por lo demás se mantienen los escenarios de combate y de sigilo en cada una de las misiones que van hilando la trama principal, que sufre de ciertos altibajos y cuenta con una parte final muy sosa en comparación con los sucesos que presenciaremos a mitad de partida.

Una expansión muy larga

Solo un punto diferencia Arkham Origins del título inmediatamente anterior: otorga una amplia libertad al jugador recién iniciada la partida. Usa el mismo motor gráfico y mantiene banda sonora, de hecho sólo se distingue de lo que antaño se llamaban expansiones en que tiene peor acabado, con molestos bugs que pueden obligar a cargar el anterior punto de control, y en su generosa longitud.

Es un buen título que echarse a la boca en caso de necesitar un juego de Batman mientras esperamos Arkham Knight, pero ni de lejos llega al nivel de los anteriores títulos. Aún así no deja de ser un título entretenido que emana ese aroma de conocido, y con el que nos sentiremos cómodos desde el primer momento. De todas formas, si no se ha jugado a ningún título de Batman en PS3 o XBOX360, mejor lanzarse a por las entregas anteriores. Este Arkham Origins ofrece una buena experiencia pero tiene un nivel muy inferior a lo logrado por Rocksteady.

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