The Last of Us, supervivencia en el fin del mundo

The Last of Us es, probablemente, el juego más humano al que me he podido enfrentar últimamente. Quizás por ello le cuelgue la etiqueta de «juego de la generación» y, por ende, una de las experiencias más inolvidables que recuerdo en los últimos años como jugador. O quizás, y solo quizás, sea que los chicos de Naughty Dog llevan tantos años haciendo las cosas tan tremendamente bien en el mundo de los videojuegos, que la experiencia que nos ofrecen Joel y Ellie tenga el privilegio de guardarse como oro en paño en un estante muy especial.

Seguramente, la obra de los californianos no sea recordada por revolucionar absolutamente nada. Sin embargo, y pese a sus constantes clichés, será recordada por ser la primera en dar un gran salto en lo que ha experiencia de juego se refiere. A todas luces, The Last of Us no solo resulta más humano, entrañable, duro, triste, alegre, cautivador, y pongaaquicualquiersentimiento, es que sencillamente está un paso por delante de los demás. Y es algo que se nota en el ambiente, que se siente y madura con el ciclo de principio a fin de la aventura.

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Dejando de lado las bondades sobre las sensaciones que es capaz de transmitir, en su ámbito jugable toca un poquito de aquí y otro poco de allá de muchos géneros diferentes, aunque lo cierto es que el survival horror será lo que más lo defina con el paso de las horas. Y pese a que por momentos intenta dibujar algún puzle con cierta gracia, no hay suficientes ni tampoco son muy variados, por lo que terminan siendo ciertamente repetitivos y molestos: por ejemplo, cuando vemos que Ellie tiene miedo al agua y tenemos que buscar alguna balsa improvisada para trasladarla sin que toque el agua. La exploración es otro elemento que debemos tener muy en cuenta, no solo porque la munición escasea, porque los medicamentos apenas existen y por la ingente variedad de objetos ocultos que podemos buscar. No es buscar para sobrevivir –que también– es buscar por instinto, por naturaleza, por curiosidad y la emoción de ver algo más. Buena exploración. Y si, para colmo, en nuestra búsqueda podemos regalarle a Ellie unos divertidos cómics mucho que mejor.

Valorando los combates, que se llevarán más de un 50% de la aventura (prefiero que lo comprobéis vosotros mismos), puedo afirmar que la respuesta a todas las acciones que somos capaces de realizar es fantástica y que el uso del inventario es muy real. Además, el fabricar artilugios, modificar armas o improvisar machetes, se convierte también en una fuente de diversión evidente. Los tiempos de fabricación o el intercambio de armas le otorgan cierto grado de realismo al juego, factor que podemos mejorar con las tuercas que vamos recogiendo por los escenarios. Incluso si no encontramos un kit de herramientas adecuado en cada capítulo, dejaremos de poder mejorar las armas tan rápido. Un detalle curioso que nos obliga a estar muy atentos.

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Un detalle muy criticado es el de la inteligencia artificial de los personajes no jugables que nos acompañan. Ellie es ruidosa y siempre está en medio del huracán. Y, aun así, no solo no muere en el intento, sino que los enemigos pasan de ella literalmente cual fantasma. En ocasiones, visualmente, no es agradable, ya que mata por completo ese sentimiento sobreprotector que desarrollamos durante la aventura, no obstante, resulta un fallo asumible.

Si hay algo que podemos decir de su ritmo es que la tensión va en aumento. Tras un inicio de los que quitan el hipo, el juego puede pecar de no mantener ese listón tan elevado durante un par de horas. Sin embargo, pasado ese bache inicial, todo nos va llegando en pequeñas sesiones que evitan el estancamiento. No quiero revelar muchos detalles, pero el juego se divide en las diferentes estaciones del año… y el invierno os aseguro que nunca ha sido tan frío.

Técnicamente el motor gráfico de Naughty Dog es una maravilla. Es posible que no hayamos visto nada mejor en la consola de Sony en toda la generación. Hay momentos en los que, sencillamente, te quedas quieto admirando el paisaje y las reacciones de todo el conjunto. El tiempo se detiene y te quedas embobado viendo pasear un grupo de jirafas que campan a sus anchas en medio de un caos tan alucinante. Con un mundo entero a nuestra disposición, no encontraremos una sola casa igual que la anterior: comedores, cocinas, habitaciones, buhardillas o sótanos realizados a conciencia para el disfrute de la exploración por el jugador. Las escenas de vídeo que intercalan la aventura se crean directamente con el propio motor del juego y se convierten en un recurso completamente cinematográfico. No obstante, un pequeño tirón de orejas para los desarrolladores en la variedad de enemigos, tanto humanos como infectados. Por sus vestimentas, no sabremos diferenciar a los luciérnagas (el grupo de humanos rebelde presente en el juego) del clan de caníbales o los bandidos que nos asaltan con el coche en movimiento. Una pena, ya que ha sido uno de los elementos que en ocasiones me sacaba de quicio en el juego.

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Por otro lado, la música de Gustavo Santaolalla es mágica. Ya se dejaba ver en los tráilers promocionales que, con unos pequeños acordes, seríamos transportados al desolador mundo en el que deberemos vivir tras una infección a escala global. Tras una treintena de canciones tenemos tanta variedad para cada situación que su main theme se convierte en una pieza más del conjunto, fundiendo a la perfección un apartado que evita cualquier síntoma de estancamiento sonoro. El doblaje a nuestro idioma vuelve a rayar una calidad envidiable, con actores de doblaje de primer nivel tanto para los personajes principales como para los secundarios. Lo que no entiendo, se mire como se mire, es el tremendo error de audio que tiene lugar cuando no jugamos con un sistema de audio 5.1. Deberemos activar los subtítulos para enterarnos de todo lo que se cuece en el ambiente, y es que con un simple giro de cámara podemos dejar de oír a nuestro compañero. Lamentable e inaceptable. Las voces en inglés están un poquito por encima, con mejores momentos de carga dramática.

The Last of Us es una bomba de relojería. Un juego tan real e imperfecto como la vida misma y tan humano que en ocasiones da miedo. En un futuro donde la raza está casi extinguida y los infectados campan a sus anchas, da mucho que pensar que sean los propios humanos los que más miedo infunden en la sociedad.  El guion, sin ser el colmo de la originalidad, nos da mucho que leer entre líneas, mucho que decir solo con miradas y habitaciones vacías. La relación entre los personajes avanza constantemente y es tan intensa, que cuando Joel acepta chocarle esos cinco a Ellie sientes como tu corazón lo asimila. Reconozco que el final del juego no me gustó la primera vez, pensaba que no estaba a la altura. Sin embargo, la historia se mete tan dentro de ti que puedes estar un tiempo pensando sobre él aun una vez lo has completado. Y creo que es entonces cuando puedes saborear toda la esencia del juego. Dura, real, humana y devastadora. Este mundo da miedo y Joel no es un héroe, lo eres tú.

¿Qué harías tú en el fin del mundo? 

  1. Si bien coincido con que es un buen survival horror (de hecho, el mejor en esta generación de consolas donde sus representantes son muy escasos), yo no considero asumibles los errores de la IA. Hablas de inmersión, pero perdonas que tus acompañantes puedan hacer el ruido de un elefante borracho, o pasearse por entre los enemigos sin que se inmuten siquiera (al más puro estilo Elisabeth en Bioshock Infinite), esos momentos a mi me sacaron de la partida completamente.

    También comentar que a mi me pareció que argumentalmente subía en intensidad, pero jugablemente la dificultad es decreciente. Comienzas casi completamente indefenso rezando para que los enemigos no te descubran, buscando cobijos imposibles porque un enfrentamiento directo acabará con tu personaje muerto casi con total seguridad, y con el avance de la historia la munición se hace más abundante, que te descubran implica que te metas en un tiroteo que, si bien no mal resuelto, rompe el realismo de la evolución argumental, otra de las banderas de publicitación del juego.

    No considero que TLOU sea un mal juego, justo al contrario, es muy bueno, pero Naughty Dog en el cambio de enfoque de cara a un juego (que aplaudo ya que es honroso que no quieran estancarse en TPS de aventuras) han caído en errores que consiguen afectar a la inmersión cinematográfica que buscan conseguir.

    Buen análisis ;).

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