Historia de una historia de amor

Martes. Vengo de un fin de semana entero en RetroMadrid, de dar una clase a futuros desarrolladores, de no tocar más juego que un matamarcianos de manual como es Syder Arcade, y aquí me tenéis escribiendo unas notas sobre amor y otros desvaríos.

Del evento madrileño daremos cobertura en otro momento. Pero es la clase que di el viernes, antes de salir hacia Madrid, el detonante de todo este texto. Entre otros temas, durante mi charla traté cuestiones sobre la unión entre arte, comunicación y videojuegos. Para acompañar a mi explicación, me pidieron que pusiera unos cuantos ejemplos variados. Y así fue como uno de los juegos que salió a la palestra fue Bumpy Road, de los suecos Simogo.

Si tengo que ser sincero, la primera vez que jugué a Bumpy Road no me pareció gran cosa. La prensa especializada en juegos de móviles no paraba de ensalzarlo y, por ese cúmulo de elogios, decidí echarle unas partidas para comprobar por mí mismo qué es lo que ofrecía. Decepción: no vi nada interesante en él. Sin embargo, pasó el tiempo, y durante otro viaje lo volví a jugar. Y, curiosamente, tal y como sucede cuando te enamoras, que no lo ves venir, ahí sí, en ese momento lo hice con fuerza, me enamoré de una historia de amor.

No lo esperaba, atacó a traición, ya que, en realidad, es un relato de amor camuflado de juego de habilidad. Uno en el que el jugador tiene que descubrirlo poco a poco, pero en el que es imposible no percibirlo casi desde la primera partida. Para ello, la manera de ir revelando el hilo argumental es ir consiguiendo imágenes que tendrás que encontrar durante la partida y que lo desgranan poco a poco. Un relato de amor que recuerda un poco al que vimos en la fantástica Up de Pixar, pero sin ese final dramático. Un viaje de dos personas de elevada edad, nada de jóvenes que no saben qué es la vida.

bumpyroad

Y pensando en Bumpy Road, mientras tarareaba sin cesar su sencilla y encantadora banda sonora, pensé en qué otros juegos nos llevan con tanta fuerza a una historia de amor.

Tenemos To The Moon que, si bien como juego deja mucho que desear, es una historia de amor de una fuerza desgarradora. Yakuza 3 que, si bien no es romántico, tiene un momento de amor entre colegas realmente fuerte. Tanto Shadow of the Colossus como Ico tratan, de alguna manera, acerca de este tema, aunque más bien sea el jugador el que tiene que rellenar huecos. O el curioso Catherine, aunque sea de una manera bastante fantástica.

No obstante, si hay que destacar valores románticos como la humildad, la sencillez, la falta de pretensiones o el no obligar al jugador a que sienta una cosa u otra, hoy en día tendría que quedarme con Bumpy Road como meca del juego romántico. Os aconsejo que lo probéis, porque vale la pena. Salvo que no tengáis alma, claro.

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