La tarta es de coña

La tarta es de coña: La nube y la araña

Breve cronología de los hechos

Navidades de 2007: El servicio de Xbox Live muere de éxito y deja a millones de jugadores en la estacada. Las masas encolerizadas están a punto de arrasar los cuarteles de Microsoft y el asunto acaba en los tribunales. El juego en local seguía siendo posible.

Siete de marzo de 2010: Miles de jugadores se quedan sin poder jugar a Assasin Creed 2 o Silent Hunter 5 en sus ordenadores por la caída de los servidores DRM de Ubisoft. Las masas descontentas (y los cuatro locos que juegan a simuladores de submarinos)  inundan los foros de quejas. Pueden jugar de forma local una panda de crackers que dicen haber roto el DRM de Ubi.

Algún día en el futuro: El nuevo servicio de juego en streaming OffDeath deja sin servicio a dos millones de abonados. Estos salen a la calle agradeciendo el magnánimo gesto que les permite tomar el sol durante unas horas. El juego local se divide en Parchís, Brisca y Bingo.

La filípica correspondiente

Las redes son unos recursos increíbles: nos permiten compartir cualquier cosa con lugares situados a miles de kilómetros de distancia mediante un proceso casi mágico para la mayor parte de la población. Gracias a ellas hemos podido estrechar lazos con gente a la que no vemos, hacer compras, rellenar impresos, jugar…, en definitiva: hemos extendido muchos aspectos de nuestras vidas al mundo online. Alegremente hemos ido cediendo poco a poco parte de nuestra existencia a una maraña de ordenadores y hemos ayudado a conformarla y darle forma, integrando a esa red de redes conocida como Internet en nuestro devenir diario.

Hoy en día Internet cuida de nuestros contactos, almacena páginas con nuestros comentarios, mueve nuestro dinero en todo tipo de transacciones, nos permite escuchar nuestros programas favoritos desde cualquier sitio y, en general, nos facilita la vida. Ahora bien, hagamos un pequeño ejercicio y veamos como sería nuestra vida si hoy mismo desaparecieran estas redes (ánimo, los mayores de veinte años lo tenemos fácil). Sí, de maneras más lentas y tediosas podríamos seguir haciendo compras, hablando con amigos, escuchando programas y jugando a nuestros videojuegos… Ummm… Un segundo…

La red, como gran analogía de una telaraña, nos ha atrapado ofreciéndonos descargas directas de contenidos, redes sociales donde compartir tanto con amigos como desconocidos, nuevos modos de juego e incluso géneros propios e inimaginables sin ella. Con mayor o menor reluctancia hemos pagado y abrazado sus servicios, siendo complicado volver a concebir un mundo donde no podamos echar unos deathmatch con los colegas sin tener que reunirnos ante una misma tele o tengamos que comprar revistas para obtener demos y expansiones. La tela de araña nos ha ido envolviendo poco a poco y ahora, vistos en la distancia, parecemos una nube que flota en el cielo repleta de felices jugadores. Pero hasta ahora no habíamos caído en la cuenta de que estamos en la casa de una araña. Y esta se ha levantado con hambre.

Con la escusa de “la nube”, donde todo esta disponible siempre, y la lucha contra la piratería, que mata al sector, las editoras de videojuegos quieren hacernos tragar un veneno en forma de conexión persistente. Nuestras partidas y puntuaciones estarán seguras en sus servidores, pero a cambio solo podremos jugar si ellos quieren. Ya no hablamos de una opción o un servicio, si no de una obligación para todos. Olvídate de jugar cuando quieras con tu juego, ahora jugarás cuando ellos quieran con su juego. Algunos dirán que no es tan malo, que tener conexión es fácil y demás sandeces que no hacen más que negar la pérdida de otro derecho más para nosotros como consumidores.

La deriva hacia los juegos como servicio trae pocas ventajas para los jugadores respecto a lo que vamos a perder en el camino. Si las editoras pasan a controlar no solo la creación y distribución, si no también el campo de juego podemos dar la bienvenida a los juegos en alquiler permanente y olvidarnos de los MODs, el juego puramente offline o del coleccionismo. Va siendo hora de que nos plantemos y les recordemos a algunos que se cazan más moscas con miel que con vinagre.

  1. La misma historia con este que con otros temas: La única solución es no comprarles nada. Fin.

    El problema es que este asunto acabe seguramente de una forma: Bajas ventas/alta piratería (Aunque la piratería alta no por el DRM/Bajas ventas, sino porque siempre se piratea), UBI (O la empresa que tercie) diciendo que abandonan el desarrollo en consolas por que han vendido poco y se ha pirateado mucho.
    Vamos, porque no veo ninguna otra razón para dar un servicio tan penoso como el de este DRM, más aún con esas declaraciones oficiales sobre el DRM que parecen sacadas de un político de turno, y que sinceramente, cada vez que las leo/escucho, más que nada, dan rabia.

  2. Para una oportunidad que tienes para poner el Truc y pones la brisca… Yo creo que este pensamiento es exageradisimo. Que puede pasar, si señor, pero no es algo que durase para siempre. Lo mas que podria pasar es un volver a empezar, y si por mi fuera yo me criogenizaria hasta que hiciesen el sistema de juegos por demanda definitivo.

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