Silent Hill: Downpour

Cuando Capcom lideraba listas de ventas por todo el mundo con la segunda entrega de una de las sagas mas laureadas de los 32 bits, Konami vio que debía contraatacar de alguna forma. De esta forma, y para contrarrestar el apabullante éxito de Resident Evil 2, salió al mercado Silent Hill, un juego donde el terror no estaba tanto basado en los sustos como en la ambientación, donde guiábamos a un tal Harry Mason en la búsqueda de su desaparecida hija en extrañas circunstancias Cheryl.

El resultado lo conocemos todos, éxito total, tres entregas nuevas en las consolas de 128 bits, multitud de críticas positivas, juegos experimentales, una máquina recreativa, juegos para móvil, dos películas… El fenómeno Silent Hill era un filón que Konami no iba a dejar escapar, y no lo hizo, pero todo acaba saturando, y tras Silent Hill: The Room (entrega que marca el inicio de un descenso de calidad de la saga) la empresa nipona comenzó a subcontratar a otros estudios para el desarrollo de las secuelas.

Si nos referimos a consolas de sobremesa, Double Helix creó un tradicional, lineal y mediocre a rasgos generales Silent Hill: Homecoming, y Climax desarrolló una entrega bastante insustancial como fue Silent Hill: Origins (prólogo a la pesadilla de Harry Mason) y el, para mi gusto mejor juego de la nueva hornada, Silent Hill: Shattered Memories. Ahora es el turno de Vatra Games, que ha demostrado fijarse en los juegos anteriores para crear la última visita al otrora idílico pueblo, ahora lugar de residencia de nuestros mayores temores.

El fugitivo

Silent Hill: Downpour comienza de forma excepcional, tomando el control de Murphy Pendleton, un presidiario al cual un carcelero le va a hacer un favor antes de ser transportado a otro destino. Por supuesto, ese transporte sufre un percance, extremadamente similar al del film El Fugitivo, y acabamos libres y merodeando por los alrededores de un pueblo en ruinas llamado Silent Hill.

Considero que tratar de entrar más en detalle de la trama ya sería perjudicial para el jugador, así que mi consejo es que toméis el control sabiendo lo menos posible sobre un guion breve, lleno de tópicos y en absoluto tan brillante como el de Silent Hill 2, pero con algún giro interesante. Sí puedo poneros de preaviso de que las primeras sensaciones al tomar el control total del juego son excelentes. No hay prisa en mostrar a los enemigos, y la ambientación, pese a lo deprimente que es, sigue las pautas que se marcaron desde la primera entrega.

Lamentablemente la brillantez de su inicio da paso a la falta de originalidad de su desarrollo, y aunque el completar la trama no produce vergüenza ajena (como sí hace algún guion de algún juego de mayor éxito), sí que podemos apreciar que los nuevos Silent Hill carecen de la personalidad que tuvieron las tres primeras entregas. Llegados a cierto punto de desarrollo, creeremos estar viendo refritos de situaciones ya pasadas o momentos genéricos de acción salidos de cualquier película de terror al uso.

Viviendo nuestra pesadilla

La forma de afrontar nuestro purgatorio ha sido variada ligeramente, y a mi parecer, para mejor. Murphy no es un hombre de acción, se defiende como cualquiera de nosotros haría, y no cuenta con un inventario infinito para transportar multitud de armas. De esta forma, cada enemigo es un reto, un golpe bien asestado puede romper nuestra guardia, y nunca seremos los mas diestros con las armas. Si con esto no fuera suficiente, se ha tomado el concepto de huída de Shattered Memories y se ha adaptado a la entrega que nos ocupa, dando momentos de bastante tensión donde tendremos que estar ágiles de vista y diestros con los dedos. Evidentemente, y a consecuencia de lo anterior, el combate ha sido reducido a la mínima expresión. De hecho, es posible completar toda la aventura sin eliminar a un solo enemigo y no es que sean precisamente escasos, aunque sí muy faltos de carisma, casi podrían pasar por enemigos genéricos de casi cualquier juego del mercado donde nos enfrentemos a monstruos.

Lo que sí que abundan son los acertijos, pero no del estilo de ordenación de las obras de Shakespeare, o del uso de un poema para componer una extraña melodía al piano, sino mas bien de “me faltan piezas, localízamelas”, un clásico. Hay algún rompecabezas inspirado, pero lo normal no es quedarse atascado más de una decena de minutos antes de saber qué paso dar a continuación.

Saliéndose de la linealidad

Uno de los grandes defectos de las últimas entregas de Silent Hill ha sido su encorsetamiento para con el jugador. En el caso de Shattered Memories podríamos achacarlo a su particular sistema de juego, pero en Homecoming no había excusa posible, el juego era un pasillo y no había forma en que el jugador pudiera vagar “libremente” por Shepperd’s Glenn.

En esta ocasión encontraremos bastantes lugares no contemplados por la historia a los que acceder, muchos de ellos con misiones secundarias que pasan por ser en ocasiones mediocres, en otras interesantes y en algún caso concreto brillantes (os recomiendo encarecidamente que encontréis el gramófono). Estas misiones, por lo general, y salvo contadas excepciones, no suelen aportar casi nada al jugador más allá de desbloquear un logro/trofeo o darle botiquines y munición pero vienen bien para poder desviarse del avance de la historia y recorrer más en profundidad el pueblo.

Defectos imperdonables

El mayor problema de Silent Hill: Downpour, por desgracia, es el poco cuidado que ha tenido Vatra en el momento de lanzarlo. El juego presenta sobre todo un bug en el autoguardado (presente por primera vez en la saga y a mi parecer debería ser la última) donde hace que Murphy sea incontrolable en según que zonas. En mas de una ocasión he visto disminuida mi salud porque el juego, tras pasar una línea imaginaria donde se sitúa el punto de control, ha estado 2 o 3 segundos en una carga interna que no me permitía controlar a mi personaje. Un grave defecto que a mi parecer es inaceptable en el momento de sacar a la venta un producto que presumiblemente había finalizado su fase beta.

Por lo demás tenemos un juego correcto, sin estridencias, que gustará a los amantes del género y dejará indiferentes a los que no tengan el terror entre sus prioridades. Silent Hill sigue perdido en la niebla, esperando a que otro Harry Mason o James Sunderland lo encuentre para mostrarle realmente su poder, y de momento se emplea a medio gas con Murphy Pendleton.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *