To the Moon: estrellas y conejos de papel

Hablaba el otro día con un buen amigo sobre esa película imprescindible y demoledora que es La tumba de las luciérnagas, al respecto de la cual decía él que la había comprado en Bluray, pero que no pretendía verla, pues no tenía ganas de volver a sentir ese sufrimiento tan hondo que provoca el filme. Yo contesté que la había vuelto a ver hace poco y que pretendía rejugar To the Moon a lo que inquirió: “¿Por qué volver a pasarlo mal? ¿Por qué hacerse eso?“. Mi respuesta, inconsciente, fue: “porque lo necesito“. Y en el momento de escribir estas lineas no hace diez minutos que he terminado el título de Freebird Games de nuevo. Con las mismas consecuencias que la primera vez.

Y, bueno, digo jugar, aunque podemos debatir lo que ustedes quieran sobre si To the Moon es un juego, pero, francamente, es todo semántica y palabrería vacua. Sí, es cierto que no tiene jugabilidad alguna, entendiéndola como desafío al jugador o el requerirle un esfuerzo a los reflejos o al intelecto, acercándose más a aquellos terribles juegos Full Motion Video que plagaron los noventa, cuando “multimedia” era la palabra de moda en todo lo que se vendía como película interactiva pero que no requería más que cuatro clics mal dados por parte del usuario. To the Moon es una historia en formato digital, si lo prefieren, una combinación de historia y música perfectas con una duración de entre tres y cuatro horas. Tómenlo como una película, si así lo desean, pero tómenlo, demonios.

Y aviso que es imposible hablar de este juego sin hablar de la historia, así que quienes no lo hayan jugado tienen dos tareas: dejar de leer y comprar To the Moon en cualquiera de sus plataformas, bien Steam, GoG o la propia página de Firebird. Ya garantizo que nada se ve igual tras To the Moon.

To-the-moon (3)Hablaba antes de la mezcla de historia y música, pues ambas van de la mano y no se puede entender una sin la otra. La historia, de Kan Gao, autor del juego y la banda sonora, cuenta con el apoyo sonoro de Laura Shigihara en lo que puede ser y es una de las mejores bandas sonoras del videojuego jamás creadas, así de categórico. Y es con esa mezcla con la que da comienzo To the Moon, con los doctores Rosalene y Watts llegando a la casa donde se desarrollará toda la historia, al compás de la pieza For River, aunque en un inicio no seamos conscientes del impacto de la tonada que escuchamos.

Tales doctores son empleados de Sigmund Corp, empresa que se encarga de ver cumplidos los sueños de los moribundos mediante la alteración de los recuerdos y ese es su trabajo para un cliente llamado John, cuya última voluntad es viajar a la luna. Y en ese momento no sabemos más del agonizante Johnny que esto y que su mujer murió hace dos años. Nada parece fuera de lo normal en el trabajo encargado salvo un montón de conejos de papiroflexia que pueblan la casa y un peluche de ornitorrinco. Con tal premisa, sin saber el origen del deseo de viajar a la luna, Rosalene y Watts deciden retroceder en los recuerdos de Johnny, pues así le gusta que le llamen, quien no recuerda por qué quiere ir al satélite.

La mecánica para recorrer la memoria, que será visitada en orden inverso, esto es, hacia la juventud de Johnny, es encontrar objetos que conforman un recuerdo, lo que dará lugar a un sencillo puzzle que nos permitirá avanzar al siguiente punto de su memoria. Nada complicado hasta aquí, porque To the Moon no pretende ser un juego de puzles, mas es un relato sobre la vida del verdadero protagonista: el cliente.

Así pues, en un primer momento averiguamos que River, la mujer de Johnny, estaba gravemente enferma, pero se negó a ser tratada para, con el dinero del tratamiento, acabar de construir una casa junto a un faro al que llaman Anya. Esta, su última voluntad, nos es relatada mientras un frustrado Johnny interpreta For River al piano, música que compuso para ella y que ahora comprendemos. Y no es baladí la importancia del faro, pues allí es donde se casaron y en ese punto donde… me estoy adelantando.

A estas alturas el jugador viene notando un comportamiento extraño en River, y se nos revela que ello se debe a que padece autismo, en lo que es uno de los pocos casos de videojuegos que tratan este problema, problema que vamos averiguando que Johnny se niega a tener en cuenta. Su mente se cierra a ver cualquier problema en lo referente a River pues la quiere demasiado, mientras ella, por su parte, se limita a hacer conejos de papiroflexia de forma compulsiva mientras pregunta a su marido qué significan, a lo que él no sabe responder.

Sea como sea, Rosalene y Watts viajan por la memoria de Johnny hasta su infancia, que encuentran inaccesible, e insertan el deseo de ir a la Luna. Sin embargo, el procedimiento habitual no funciona: por mucho que cambian, nada sucede en la línea temporal de la memoria de Johnny y no logran que adquiera interés alguno por la Luna, pero el peluche del ornitorrinco siempre está ahí, omnipresente, en cada recuerdo, al igual que River. De la mano de los doctores vemos la historia de amor verdadero que se forja entre River y Johnny, a pesar de las dificultades económicas y de la condición de ella: él no se rinde nunca y sólo quiere tenerla a su lado, mientras ella no deja de hacer conejos de papel. Vivimos la primera cita, la terrible revelación de su enfermedad, la boda… recorriendo así toda una vida ajena.

Hasta este punto la historia no tiene nada fuera de lo normal, quitando esa deliciosa mezcla de las películas Nivel 13 y Días extraños, pero es cuando indagan en esa infancia borrada cuando dan con la raiz del problema… El hermano de Johnny, Joey, fue atropellado por su madre cuando era un niño y, para liberarle de la carga de la tragedia, le administraron una medicación que inhibiera tan doloroso recuerdo. El problema es que borraron todo lo anterior a aquel día.

Y es aquí donde To the Moon le da al jugador la primera patada en la patata, pues accedemos a un recuerdo perdido, un recuerdo que da sentido a toda la historia. Antes del accidente, en la feria, River y Johnny se conocieron. Aquel día ambos miraron las estrellas. “Parecen miles de millones de faros“, dijo ella, y él le regaló algo que acababa de ganar en un puesto de la feria: el peluche de un ornitorrinco. Y ahí, frente al firmamento, ambos se comprometen a encontrarse en la Luna si algún día se pierden.

To-the-moon (6)Francamente, y pueden ustedes hacerse el macho todo lo que quieran, ningún juego me había hecho sentir lo que sentí en ese momento, y volver a vivirlo ha sido exactamente igual de doloroso. El hecho de la amnesia de él unido al autismo de ella borrando el origen de una historia común es, simplemente, algo devastador. Conceptos que ahora se leen tanto como “narrativa” o “inmersión” quedan a la altura del betún frente al momento del peluche del ornitorrinco: pregunten, pregunten a cualquiera que haya jugado To the Moon; claro que si han llegado hasta aquí lo saben bien, ¿verdad?

A partir de este instante el juego se desboca y nuestro interior con él. Rosalene decide que, dado que les han contratado para que Johnny vaya a la Luna, River es lo que se lo ha impedido, y determina borrarla de la vida de su cliente; por ello no funcionaba el deseo de ir a la Luna, pues Johnny se niega en su inconsciente a perder a River. A ello se dirige, pese a las protestas de Watts, y así lo hace. River desaparece de la vida de Johnny y nosotros asistimos a ella en lo que es la pieza musical más emotiva y asoladora para el alma del conjunto: Everything’s Alright. Su vida es reescrita mientras, impotentes, vemos como River es sustituida por el hermano fallecido, Joey. “Puede encontrar otra River, pero nunca otro hermano“, se justifica Eva Rosalene, mientras nosotros gimoteamos y sacudimos el puño frente al monitor.

Johnny, pues, ve cumplido su sueño e ingresa en la NASA mientras nosotros, meros espectadores furibundos con la doctora Rosalene, sabemos que hubiéramos elegido la vida en la que él la amaba por encima de todas las dificultades. ¿Se dan cuenta de que, a estas alturas, el juego no ha hecho más que dirigirnos hacia el colosal final? En él observamos como esas furcias a los que los griegos llamaban Moiras, las Diosas del Destino, hacen de las suyas con la ayuda de la doctora. River no ha sido borrada, sino movida… a la NASA. Y como todo amor verdadero, el citado destino o como demonios quieran ustedes llamarlo si creen en él, hace que, en el último momento de la vida de Johnny, mientras el transbordador espacial lo lleva a la Luna, River esté a su lado. Y ascienden cogidos de la mano, mientras nosotros sentimos como todas las entrañas se nos revuelven y el pelo se nos eriza, al ritmo de la maldita música.

Creo que queda claro que To the Moon es, en resumen, un relato magnífico sobre la vida, sus decisiones y consecuencias, sobre cómo no somos más que meros recuerdos para los demás y sólo así nuestra existencia tiene sentido. ¿Qué somos si nadie nos recuerda? Esta maravillosa historia trata sobre el amor, el sacrificio y, en definitiva, la esperanza frente a la mayor de las adversidades.

Y, ¿saben qué? Quizá To the Moon sí es un juego de verdad, sólo que no hemos jugado nosotros con él, sino al revés.

  1. Joder, debería estar estudiando para mis últimos finales y ahora por tu culpa quiero volver a pasarme To the moon, ¿contento? :____

  2. hay algo que no entiendo, esos recuerdos que la empresa reemplaza en la cabeza de Jhonny son falsos? o es que eso modifica la historia?

  3. Muy buen resumen/análisis de To The Moon, la verdad es que la historia te parte el alma en dos. Lo ves todo de otra manera cuando lo terminas. No sé qué más decir, te deja helado, te hace llorar. Me ha encantado tu artículo, ¡sigue así!

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