Analizando la obra

Hace unos meses, caminando por Zaragoza, me detuve a observar curioso cómo una aglomeración se detenía a mirar la placa de descripción de una réplica de El pensador de Auguste Rodin, que por cualquier motivo habían expuesto junto a otras tallas. Me sorprendió ver cómo la mayoría, en vez de analizar la representación, iba directamente a la explicación, a revelar el significado, eliminando a mi parecer toda la gracia. Pensé en cómo los expertos de arte estudian la obra desvelando la historia de Dante frente a las puertas del Infierno pensando en su gran poema.

No sólo les interesa descubrir el enigma detrás de la obra, sino que además, indagan hasta lo más profundo para descubrir todo lo que les puede ofrecer.

Los dos acontecimientos inciden en un punto común: utilizan una metodología para recoger lo que la obra ofrece. Sea en el primer caso donde los curiosos atrapan una pequeña esencia del deseo del artista; o tal vez en el segundo ejemplo, donde con un prudente examen se indaga hasta lo más profundo, que en ocasiones muestra secretos que revelan la psicología del pintor. Es la estrategia que utilizamos al examinar la que recoge los detalles, la que explota la obra.

Depende de nuestro objetivo el analizarlo leve o profundamente. No es lo mismo ver una película para entretenerse que para captar la esencia dentro y fuera de cámaras. Para esto último, al final de cada capítulo me formulo cuestiones que abstraigan lo importante, preguntas como por qué el autor ha decidido o ha visto importante redactar el capítulo, por qué se expresa de esa manera; finalmente qué opino. Este procedimiento lo repito al terminar el libro, enfocado a captar su totalidad.

Y ahora es cuando entro de lleno en la masa que concierne a esta página y pregunto: ¿cómo se analiza un videojuego —no me refiero para uso profesional o amateur, sino para atrapar toda la experiencia para beneficio personal—? Resumiendo las diferentes pautas que sigo para recopilar información acerca de las demás obras: en los libros, me fijo en qué y en cómo está escrito; en las películas, en qué y cómo está presentado; en pintura y/o escultura, en qué y cómo está expuesto. Sin embargo, los videojuegos son más completos como obra, una fusión de distintas disciplinas donde el propio jugador es el que elige cómo representar lo definido.

Por esta razón me parece absurdo el análisis que pretende englobar en unas cuantas páginas todo lo que el videojuego ofrece. Es resumir el guión de una película, el tomo de una novela, los doce temas de un disco, la pose de una escultura… en una sola página. Qué disparate. Defiendo tesis específicas que se centren en un único punto y lo deshilvane obteniendo en su conjunto una comprensión perfecta. No más secciones mentales o escritos como «gráficos, control, sonido». Hay que tener en cuenta que es una obra y como tal debe ser examinada, con la misma minuciosidad que lo harías al observar a La Gioconda.

Así que la próxima vez, estudie el juego, busque sus raíces, empápese de su historia, de su nacimiento, de su creación y evolución, en definitiva, valórelo como obra de culto que es. Lo disfrutará mucho más, aprenderá a ser crítico, y sin duda si su objetivo es ofrecer opinión, tendrá más credibilidad porque una cosa es comenzar con «es un buen juego» y otra muy distinta hacerlo con un «vayamos por partes».

  1. Ah, el análisis, el caballo de batalla de los blogs de videojuegos desde que tienen uso de razón (vale, nunca la han tenido pero queda bien decirlo).

    En mi opinión el análisis puramente técnico está superado y tan solo tiene valor para los que basan su elección en el factor monetario (si solo te puedes comprar un juego necesitas estar muy seguro de donde vas a meter tu dinero) Ahora estamos entrando de pleno en el análisis contextualizado, principalmente gracias a que tanto industria como jugadores han crecido, pero aun hará falta mucho esfuerzo para que la crítica llegue al videojuego. Hay demasiados miedos como para arriesgarse a dar palos pero algún día alguien tendrá que arriesgarse a despachar una obra de 2 años de trabajo y millones de euros en menos de cien palabras. Y tener razón.

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