El fin de la primera parte

¿Es necesaria una generación intermedia entre la actual y la futura o deberíamos estar ahorrando para nuevos aparatos de entretenimiento? Ni lo uno ni lo otro.

No es la primera vez ni será la última, pero casi todos los veranos nos desayunamos alguna especulación sobre futuras consolas. El año pasado la gente de Crytek ya nos dejaba claro que para 2011 o 2012 tendríamos nueva generación. La verdad es que no hace falta ser un experto en artes arcanas para aventurar que en seis años estaríamos planteándonos sustituir nuestros amados (u odiados) centros de entretenimiento por sus flamantes sucesores. Lo curioso de este año es que alguien deposite sus esperanzas en una generación intermedia, como así lo hacía Rich Hilleman (Chief Creative Officer de EA o diseñador jefe para entendernos) durante una conferencia a finales del mes de agosto.

Por las consolas afectadas por la reflexión de Hilleman, Xbox 360 y Playstation 3, hemos de suponer que lo que el directivo de EA desea es que los monstruos de los gráficos se adapten al sencillo estilo impuesto por Nintendo con la Wii, su tipo de control y sus juegos de bajo coste. Por el mismo camino parecen ir los intereses de Microsoft y Sony con sus respectivos Project Natal y Sony Motion Controller, pero esta es una revolución que no les llevará a ningún sitio. Tras el éxito de Nintendo la interacción física con los videojuegos ya se puede dar por descontada como parte del futuro del medio, siendo la compañía de Kioto la principal beneficiada en este escenario gracias tanto a su experiencia como a su marca.

Asumiendo que tarde o temprano tanto Sony como Microsoft van a pasar por el aro en el tema de los controles y su clara superioridad en el apartado técnico respecto a su competidora, ambas empresas deberían explotar el «físico» de sus máquinas para ofrecer a los jugadores aquello que Nintendo no puede: Modularidad mediante hardware y nuevas características mediante software.

Si vemos el mundo del hardware como una guerra de desgaste el próximo año debería suponer un punto de inflexión para esta generación. La Wii está tocando techo en cuanto a sus capacidades técnicas y los trucos que tenía en la chistera, con lo que Nintendo seguramente esté planteándose una nueva plataforma a corto plazo, con todo el esfuerzo que conlleva. Mientras, Xbox y Playstation pueden aprovechar su diseño modular para seguir aguantando, ponerse a la altura y, mediante nuevas características en forma de actualizaciones gratuitas, convertirse en aparatos polivalentes realmente apetecibles para todos.

De momento los primeros pasos en este sentido ya los han dado ambas empresas (NXE, PS3 Slim, eliminación de modelos antiguos), ahora tan solo falta una buena hornada de juegos a la altura de estas máquinas que haga olvidar los múltiples fallos de sus inicios y consigan atraer a los jugadores que han descubierto los videojuegos con la Wii y quieren algo más.

Si Nintendo no nos sorprende con algún golpe de efecto (y opciones no le faltan), la PS3’5 y la Xbox 560 que sugería Hilleman ya están entre nosotros y podrían ser las protagonistas de una «segunda vuelta» que se avecina larga en esta generación llena de sorpresas.

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