Shadows Of the Damned

Shadows of the Damned

Suda 51, Shinji Mikami y Akira Yamaoka. ¿Quién puede resistirse?

Comienzo el análisis de este juego citando estos tres nombres, porque sin duda han sido una de las bazas más importantes a la hora de venderlo de cara al público. Personalmente, no he podido resistirme a experimentar la visión del infierno que hayan podido concebir semejantes mentes perversas.

Porque cabe decir, desde luego, que nos encontramos frente a un juego que parte de una premisa que en principio no es nada original. Garcia Hotspur, un cazador de demonios duro e impasible, tiene que ir hasta lo más profundo del infierno para rescatar a su novia que ha sido secuestrada por el mandamás demoníaco; un tal Fleming. Hasta aquí podríamos decir que la historia encaja con la de Dante’s inferno, pero lo cierto es que, si eliminamos el factor infierno, la premisa es la misma que la de Super Mario Bross.

Por otra parte, también es cierto que la historia da unos cuantos giros, y que lo importante no es la trama en sí, sino los propios personajes, las pequeñas cosas que iremos encontrando en el infierno y la mecánica de juego. En otras palabras; lo más importante de este juego no es el «por qué», si no el «quién», el «dónde» y el «cómo». Y eso, amigos míos… es impresionante.

Los colegas siguen siendo un sentimiento muy potente

De entrada, García Hotspur no está solo. Va acompañado por Johnson: Una calavera flamígera voladora aficionada a comer fresas, con la capacidad de transformarse en diferentes objetos, con un extraño sentido del humor y con una debilidad hacia el sexo femenino. El binomio de estos dos personajes es muy fuerte. Tanto, que se convierte en uno de los principales puntos de interés del juego. Son dos personajes muy bien complementados que juntos son capaces de mantener el interés y entretener durante todo el juego. Sus diálogos son gloria bendita llena de palabrotas.

Shadow of the Damned, captura de pantallaLa jugabilidad también es un punto fuerte. En combate los controles son parecidos a los de Dead Space, aunque se ha incorporado un poco más de profundidad al cuerpo a cuerpo y se ha incorporado la posibilidad de hacer contundentes ejecuciones cuerpo a cuerpo, al más puro estilo Suda. También encontraremos muchos toques de arcade clásico, como el hecho de que la moneda del juego sean diamantes gigantes, algunos minijuegos, o la pantalla que te muestra el nivel por el que vas. En general la mecánica de juego es algo repetitiva, pero con pocos elementos (como la oscuridad asesina o las nuevas armas), consiguen crear situaciones nuevas constantemente, por lo que el juego no llega a hacerse aburrido.

Sin embargo, la piedra angular del título son los entornos. La ambientación, y los elementos que encuentras. Se trata de una visión del infierno completamente original e increíble. La extraña mente de Suda, capaz de crear todo tipo de elementos absurdos y sorprendentes, con el toque terrorífico de Mikami y la ambientación de la magnífica banda sonora de Yamaoka, hacen que descubrir nuevas cosas en Shadows of the Damned sea una experiencia interesante, gratificante y emocionante. No hay mucha variedad de enemigos, y no son tan originales como el resto de elementos (la mayoría son simples zombies con máscaras o con otros utensilios).

A veces si es oro todo lo que reluce

Shadow of the Damned, captura de pantallaNo me malinterpretéis, los enemigos de Shadows of the Damned cumplen perfectamente su función y se complementan bien con el sistema de combate del protagonista, pero quedan eclipsados por cosas como cabezas de cabra que producen luz, puertas con cabezas de bebé que te piden cerebros para abrirse, puertas cubiertas de «vello púbico» que impiden que puedas «penetrar en ellas» (literal), ojos cíclopes que sueltan un cagarro para que lo uses de checkpoint, el hecho de que recuperes vida bebiendo alcohol ya que «en el infierno no necesitas preocuparte de tu hígado»… o las inquietantes y explícitas escenas de nudismo, capaces de producir un inesperado efecto en Johnson.

El juego cuenta con un sinfín de situaciones que te harán abrir los ojos como platos y exclamar un «¿¡Dios mío, pero que carajo está pasando aquí!?«, pero disfrutaras de todas y cada una de ellas. Merecen una mención especial los excelentes guiños a Posesión infernal y a Dynamite Headdy. Éste último, sobretodo, me ha tocado el alma.

Conclusión (rimando): Un título motivante que ofrece una experiencia interesante, entretenida y original desde el principio hasta el final. Aunque el tema de la rejugabilidad está fatal, debéis jugarlo porque da igual.

  1. La definición de este juego es «carisma». Johnson y García mantienen a un nivel mas o menos elevado a un juego del montón.

    Yo lo comparo con «Machete», el juego es simplemente una gamberrada. Si te va este tipo de juegos donde cuentan mas las animaladas de los protagonistas que la trama hay que probarlo sí o sí. Si le pides algo mas defraudará, y mucho.

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