Dead Rising 2

Cuando no quede sitio en el infierno los muertos caminarán sobre la tierra. La genial frase promocional de «El amanecer de los muertos» sigue siendo la explicación perfecta para el zombie, un ser surgido de cualquier sitio y guiado por una insaciable ansia de carne. Una copia absurda y deformada del ser humano que no se detiene ante nada. Un enemigo perfecto.

El asunto es que de un tiempo a esta parte el zombie se ha convertido en la carne de cañón oficial del mundo de los videojuegos. Son muchos, tienen rasgos humanoides, no son empáticos y nadie se siente ofendido por verlos explotar en mil pedazos. Como decía, son el enemigo perfecto. Y el responsable de esto fue Dead Rising, ese juego mitad copia mitad homenaje a la ya mencionada película. Dead Rising nos impresionó como demostración técnica pero era su sistema de juego, con casi tantas posibilidades como enemigos y el reloj como espada de Damocles que nos obligaba a tomar dolorosas decisiones, el que nos mantenía pegados al mando. Éste fue el juego que dio a conocer a los zombies clásicos al mundo y es éste el mundo que nos brinda su secuela: un mundo que ya sabe lo que es un zombie.

En Dead Rising 2 encarnamos a Chuck Greene, un ex-campeón de motocross, viudo, padre a cargo de una criatura enferma y víctima de una conspiración para culparle de un crimen que no ha cometido. Atrapado en mitad de un estallido zombie Chuck debe apañárselas para hacer que su hija aguante hasta la llegada del rescate que les saque de allí y de paso descubrir quién le ha cargado con el muerto de convertir Fortune City, ciudad émulo de Las Vegas, en la nueva capital de los muertos vivientes.

Dead Rising 2 - La hija de Chuck Greene juega a la PSP

Aprovecha cariño, tu consola está tan muerta como los de ahí fuera.

Guión aparte, la mecánica de Dead Rising 2 apenas se diferencia de la de su antecesor y podríamos decir que es simplemente una versión aumentada de la misma. Todo lo que ya conocíamos sigue ahí, siendo una vez más la resolución de «casos» que debemos investigar dentro de un marco horario determinado la espina dorsal del juego. También vuelven los supervivientes, a los que debemos rescatar para obtener puntos de experiencia, los psicópatas que nos amargan la vida y el inmenso escenario repleto de objetos con los que interactuar. Lo que sí ha cambiado es la manera de hacer las cosas.

Si bien Dead Rising ofrecía una estructura más rígida donde el juego se desplegaba poco a poco ante nosotros en Dead Rising 2 todo es más directo. Aquí contamos ya de entrada con casi todo el mapa a nuestra disposición lo que hace que seamos nosotros los encargados de decidir cómo hacer las cosas. Tampoco hemos de pasarnos el rato sacando fotos, método con el que Frank West cubría la catástrofe de la primera parte, para obtener puntos de experiencia, ahora podemos comprarlos con dinero. El dinero en Fortune City es fundamental ya que resulta la llave que nos da acceso a objetos que no disponibles de otra manera, a desafíos de habilidad que permiten aumentar las características de Chuck y al Zombrex, la medicina que debemos administrarle a nuestra hija cada 24 hora. La tercera pata de los cambios son las armas combinadas, un divertido y útil añadido al juego que encantará a los amantes de la casquería.

Ahora bien, ¿mejoran todos estos cambios el juego original? Mas bien lo inclinan hacia la acción y lo sacan del campo de la aventura y el survival horror. Estamos ante un juego al que se le han limado las asperezas de su primera parte, mucho más accesible y divertido de jugar pero al que le falta la chispa que hizo de Dead Rising el punto de partida de una moda que ha condicionado el mundo de los videojuegos durante años. En Dead Rising 2 todo es más fácil, es como si el mundo ya tuviese experiencia en lidiar con los zombies. Ya no son unos desconocidos si no un elemento más del paisaje, casi de la sociedad. Tal vez es hora de que los integremos como hicimos con los nazis, los comunistas, los ninjas y los caracoles para buscar nuevos desafíos.

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